Ese innombrable y el extraño objeto del deseo
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Resumen
Descripción
Vi por primera vez a Wittgenstein al comienzo del curso de otoño de 1938, en mi primer curso de Cambridge. Él era la profundidad de un pensamiento colmado con ansiedad, de estupor, de seriedad. En aquel lugar las sillas se enfrentaban unas a otras, como los rostros de quienes presenciábamos un segundo común entre los mortales, ante nosotros la presencia iluminadora de un genio se mecía con dificultad en su silla, pronunciando casi en murmullos objeciones al profesor que impartía la clase. Para los que estábamos, aquellos murmullos eras pequeños asomos de algo que irreductiblemente nos compelía, y que además se percibía como algo de suma inteligencia. Cambridge y sus cursos de otoño eran un tiempo casi imperceptible; lógica matemática, cálculo y probabilidades, Newton y las viejas expresiones de terror frente a lo inexplicable. Así era como los días pasaban y en cada habitación se mascullaban los viejos pensamientos, las parábolas eran las mimas y de los que esperaban grandes profecías, en el mayor de los casos llegaban a trabajar para la Scotland Yard y para el Instituto de Asuntos Espaciales de la corona
