Alfaro Echevarría, Ángel BasilioCruz Fagua, Wilson Javier2025-07-112025-07-112014http://hdl.handle.net/11349/97780Desde mis primeros años de infancia identifiqué en la acción de graficar, el espacio ideal para manifestar los impulsos, y entender en el constante seguimiento visual, los movimientos de la mano que construyen rayones y manchas. Esto significó utilizar el dibujo como un lenguaje alterno a la escritura, que inmerso entre percepción e imaginación, reproducía el entorno, dándole forma, atrapándolo en una línea; específicamente, destaqué la figura humana de entre tantas cosas, la representé y la comprendí como curiosa envoltura en cuyo interior se manifiesta un ser. Todo empezó en el instante en que miré a mí mismo, luego capté la fisicidad de las personas cercanas y quise comprender esa morfología. Paulatinamente, el cuerpo entró a ocupar la preocupación de mi trabajo creativo, hasta convertirse en el motivo que sustenta el ansia de dibujar y la sensación inmediata que tengo de la existencia de alguien. Vivirlo con cada una de las funciones de mi sensorio: mirar, tocar, oler, escuchar, besar, me centra en un estado de curiosidad por la variedad de posturas que éste puede optar. Y el dibujo cumple la función de recordármeloPresencia conscienteMaestría en Artes Plásticas y Visuales -- Tesis y disertaciones académicasDiseño gráficoArte modernoArtes