Chicanganá López, ArmandoBeltran Sanchez, Daniel Felipe2025-07-112025-07-112014http://hdl.handle.net/11349/97774La publicidad puede ofrecerlo todo, puede convertir lo más estúpido en un objeto comerciable, lo más extraño en el producto más anhelado, tiene la capacidad de sobrevalorar cualquier cosa, de vendernos la idea más imposible. Y por esta razón legitima lo aceptable y lo que debe ser rechazado, impone un juicio a través de lo que debe poseerse, y de quien tiene la capacidad de poseerlo. Lo fundamental es la oferta, y en esta amplia gama de productos existen aquellos que desbordan cualquier tipo de justificación racional, aquellos objetos que no pueden responderle a una necesidad dentro del orden lógico de las cosas, enemigos de la inercia. Me refiero al producto violento de la publicidad cruda, el que de alguna manera se burla de la cotidianidad generalizada para realizar venta a cambio de un falso beneficio, el producto bizarro, el que no funciona, el que desfigura cuerpos, el que ridiculiza, el que genera dolor, el mentiroso, el transgresor, el producto grotesco y absurdoPromoción válida hasta agotar existenciasMaestría en Artes Plásticas y Visuales -- Tesis y disertaciones académicasPublicidadMercadeoArtes