Gómez, Vicenta VictoriaLagos Tovar, Angelica Sofia2025-07-112025-07-112014http://hdl.handle.net/11349/97785Desde pequeña me refugie en los reflejos. Los recuerdo como portales mágicos capaces de contener mi imagen y devolvérmela, capaces de imitar, capaces de mostrarnos el mundo al que le damos la espalda. Siempre he disfrutado de caminar y los reflejos están presentes en casi todos mis recorridos, de hecho, es extraño que contenga las ganas de mirar lo que se refleja. Más que caminar, disfruto del ejercicio de mirar y en los reflejos encuentro un escape a la monotonía de la cotidianidad; para muchos pasan desapercibidos pero para mí no, yo los concibo como ventanas a una realidad alterna, una realidad a la que podría entrar como en la Alicia de Lewis Carroll o una como la de Jorge Luis Borges, de donde podrían salir figuras vengativas. Y es que el reflejo del espejo no solo ha inspirado libros y poemas, también evoca un célebre mito: Narciso, un joven apuesto que se perdió ante la belleza que le devolvía su imagen reflejada en las aguas de un estanque. La cotidianidad me devuelve mi reflejo en espejos, pero también en cristales translúcidos ante los cuales, como mencione anteriormente, se me dificulta no detener la mirada, en mi imagen, así sea de manera disimuladaReflexión/ReflexiónMaestría en Artes Plásticas y Visuales -- Tesis y disertaciones académicasArteArte modernoArtes